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'Cámara Lírica' acercó la ópera barroca a Azañón

'Cámara Lírica' acercó la ópera barroca a Azañón

lunes 27 de julio de 2015, 13:23h
Con un repertorio basado en el amor y en la melancolía de amantes despechados o despreciados desde la música de Händel, Purcel o Vivaldi
El tercero de voz, piano y violín 'Cámara Lírica' actuó este fin de semana en la Iglesia Parroquial de Azañón ante un público que llenó las bancadas para escuchar una selección de arias y canciones antiguas del barroco, “que preferentemente hablan de amor, en un tono melancólico, de gente que anhela a otras personas, despechada”, explicaba la soprano Susana Martín. Para compensar ese lado romántico, el terceto introdujo también canciones más ligeras y frívolas, “incluso bailables”, proseguía. Todo el repertorio seleccionado fue compuesto originalmente para orquesta barroca y voz. 'Cámara Lírica' ha hecho los “arreglos necesarios para nuestro formato”.

La cantante estuvo acompañada al violín por Irene Senent, y al piano por Eduardo Martín. El terceto repetía actuación en la localidad trillana, después de “un primer concierto, también en el Julio Cultural en el que nos sorprendió la gran afluencia de público y el enorme interés con el que lo escucharon”, recuerda la cantante.

El concierto del sábado fue más vocal que instrumental, a diferencia del primero. Comenzó con cuatro arias de ópera barroca, de Händel (3) y de Purcell, que dieron paso a la música de Franz Schubert, concretamente a la 'Sonata para violín y piano en La menor op. 135', que fue la única que no pertenecía al citado movimiento musical.

De nuevo con la soprano como protagonista, el concierto terminó con cinco canciones, igualmente barrocas, de Pergolesi, Giordano, Vivaldi, Monteverdi y Frescobaldi. Susana Martín comentaba, instantes antes de comenzar a calentar su voz, que “hemos elegido el repertorio de acuerdo con el lugar, y también porque todas son piezas magistrales, fáciles de oír a la primera, y que gustan tanto a los aficionados como a personas que se acercan por primera vez a la ópera”.

Al respecto de la necesaria y progresiva adaptación de la voz, decía que “es necesario calentar las cuerdas vocales, moverlas un poco, estirarlas con escalas, para que en el momento del concierto estén perfectas”, informaba. Según Martín, lo más complicado de cantar barroco son los adornos vocales. “Las arias musicales en este periodo suelen ser 'da capo', que significa que tienen dos partes y una tercera, que es similar a la primera, con ligeras variaciones. En esta repetición hay ornamentos para hacer más florida la música y para que suene diferente a la del principio”.

El trío se mostró encantado de volver a Azañón, “sobre todo, nos motiva la divulgación de la música y la percepción de un público atento y expectante”, valoraba. El público aplaudió puesto en pie el final del concierto, después de que la sonoridad de la iglesia, perfecta para el formato, le diese su toque mágico al recital.
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