GUADALAJARA

Guadalajara está en llamas otra vez

Redacción | Viernes 17 de julio de 2026
Resulta sorprendente que la subdelegada del Gobierno aproveche un incendio para señalar a los "negacionistas del cambio climático" cuando la investigación apunta al alcalde de Vox en Robledillo de Mohernando, Rubén Marchamalo, que ha pasado a estar en el foco de la Guardia Civil por supuestamente originar el fuego de La Mierla con su cosechadora.

Politizar este incendio, que en estos momentos amenaza el núcleo de nuestro maravilloso Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara y culpar al "cambio climático" o a los "negacionistas" de los incendios forestales es la excusa perfecta para ocultar la falta de prevención en invierno y el abandono del monte. Ahora, lo que hace falta es centrarse en lo urgente que no es otra cosa que combatir el fuego; y en menos discursos ideológicos y más respeto a la investigación, a la presunción de inocencia y a la verdadera prevención de los incendios. Si ya hay un presunto responsable identificado, que actúe la Justicia con todas las garantías; pero reducir el debate sobre los incendios al negacionismo del cambio climático no puede eclipsar otra realidad: la prevención, la gestión forestal y el cuidado del mundo rural también son esenciales para evitar grandes catástrofes.

Los bosques no se cuidan con ideología, se cuidan con recursos y limpieza. Los incendios no empiezan con una chispa, empiezan mucho antes: con montes abandonados, falta de prevención y escasa gestión. Proteger nuestros bosques exige actuar todo el año, apoyar al mundo rural y coordinar esfuerzos. Prevenir hoy es salvar vidas y naturaleza mañana.

Los incendios se combaten antes de que empiece el fuego, apostando por una prevención estructural y permanente en lugar de centrar los esfuerzos únicamente en la extinción. Debemos de exigir garantizar una financiación estable para la prevención, impulsar la gestión forestal sostenible, fomentar el pastoreo y la ganadería extensiva para reducir el combustible vegetal, reforzar el papel de agricultores, ganaderos y ayuntamientos, mantener infraestructuras rurales, evitar cualquier beneficio urbanístico derivado de los incendios, promover el aprovechamiento sostenible del monte y la biomasa, concienciar a la población, crear un sistema nacional permanente y coordinado de prevención y extender las iniciativas que hayan demostrado ser eficaces.

Para todo ello debería haber, como hace poco anunciaba SOS Rural, un plan de choque contra los incendios con un modelo de prevención más eficaz que garantizase una mayor protección de los pueblos, los bosques y el entorno natural frente al creciente riesgo de incendios forestales. Y para ello debería de haber en paralelo un gran pacto entre las administraciones y la sociedad para convertir estas propuestas en políticas públicas con financiación, objetivos medibles y evaluación continua. Apagar los incendios es necesario, pero prevenirlos es urgente, porque el incendio empieza mucho antes de que aparezcan las llamas.

Antonio de Miguel

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