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El III Equinoccio llena La Plazuela de Cogolludo y reivindica una Sierra Norte que sigue adelante
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El III Equinoccio llena La Plazuela de Cogolludo y reivindica una Sierra Norte que sigue adelante

Cerca de 2.000 personas participaron en una jornada que nace del pueblo y para el pueblo de Cogolludo, pero que se extiende generosamente a toda la Sierra Norte, poniendo en valor sus productos, su comercio, su agricultura y ganadería y, este año especialmente, la capacidad de una comarca para seguir adelante después del gran incendio del verano.

domingo 04 de octubre de 2026, 13:31h

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Cogolludo. 4 de octubre de 2026. La Plaza Mayor, presidida por el Palacio de los Duques de Medinaceli, es el gran emblema monumental de Cogolludo. La Plazuela es otra cosa. Es el corazón cotidiano del pueblo, un espacio vinculado durante siglos al comercio, al encuentro y a la vida de sus vecinos. Y este sábado volvió a ejercer plenamente esa función durante la III edición del Equinoccio en La Plazuela, que ha reunido a cerca de 2.000 personas pese a una jornada marcada por la amenaza de lluvia.

La historia explica bien la elección del escenario. La Plazuela pertenece al Cogolludo anterior al gran ensanche renacentista impulsado por los duques de Medinaceli y las referencias históricas la sitúan ya en el núcleo medieval de la villa. Fue conocida como La Plazuela del Rollo, por encontrarse allí el símbolo del villazgo, y su posterior evolución la mantuvo estrechamente relacionada con la actividad comercial.

El teniente de alcalde, Rafael Pérez, recordaba que por este espacio ha pasado durante siglos buena parte de la vida comercial de Cogolludo. Incluso bromeaba con recuperar simbólicamente aquel rollo desaparecido colocando en su lugar una estatua de Ataúlfo Gamo, Fito, principal impulsor del Equinoccio y vicepresidente de APAG Guadalajara, por el enorme trabajo que realiza durante todo el año para hacer posible esta jornada.

Porque, aunque Fito prendiera la mecha, el Equinoccio ha acabado siendo de todos. Comerciantes, asociaciones, peñas, agricultores, ganaderos, jóvenes, mayores y Ayuntamiento trabajan conjuntamente en una celebración que ha encontrado una fórmula propia. “Sin los cogolludenses, el Equinoccio sería totalmente imposible”, resumía Pérez.

Este año había, además, una razón especial para reunirse. El gran incendio del verano dejó profundamente afectada a la Sierra Norte y golpeó también a su agricultura, ganadería, turismo y economía. Por eso, volver a mostrar sus productos y llenar Cogolludo de visitantes tenía un significado añadido. “Hace falta hacer todas estas cosas para volver a relanzar la Sierra Norte y, de alguna manera, que se vea que esto sigue vivo y que seguimos con las mismas ganas de tirar para adelante”, señalaba Rafael Pérez.

La lluvia apareció durante las horas centrales del día. Los puestos instalados bajo los soportales y las carpas colocadas en La Plazuela permitieron mantener la actividad. Y el agua, lejos de ser recibida únicamente como un inconveniente, fue bienvenida por agricultores y ganaderos. Después de meses muy difíciles, el campo necesita todavía mucha lluvia para comenzar a recuperar el verde, y detrás de él, su optimismo.

La vida sigue

Juan José Laso, presidente de APAG Guadalajara, lo resumía con una frase sencilla: “La vida sigue”. APAG preparó este año un arroz con cordero de Cogolludo, verduras y setas y su presidente insistió en que la Sierra necesita agua para que resurja la vegetación y pueda comenzar un nuevo ciclo. “El Equinoccio es una fiesta para Cogolludo, pero también para la Sierra”, afirmaba.

El presidente de la Asociación de Ganaderos de la Sierra Norte, Fernando Moreno, invitaba directamente a “consumir carne de la Sierra”, recordando que, después de los problemas provocados por el fuego, los ganaderos continúan trabajando “con más fuerza que nunca”.

El producto local volvió así a ser uno de los grandes protagonistas. Carlos Moreno, de Despelta, reivindicó el valor de recuperar harinas y trigos ancestrales y enseñar al consumidor a apreciar el pan que consume cada día. Luis Coracho, de Quesería Artesana de Hita, destacó la importancia de “visibilizar al medio rural y colaborar”, mostrando sus quesos artesanos de oveja y cabra.

Desde Finca Río Negro, Fernando Fuentes recordó la dificultad de producir a cerca de mil metros de altitud y el orgullo que supone que sus vinos lleven el nombre de Cogolludo fuera de la comarca. “Somos parte de Cogolludo”, resumía, después de un verano en el que el incendio llegó a amenazar también el viñedo.

El producto serrano miró igualmente hacia el futuro gracias al CIFP de Guadalajara. Sus alumnos trabajaron durante toda la semana con carnes de ternera y cordero de la Sierra Norte para transformarlas en diferentes elaboraciones gastronómicas. Su profesor, Antonio Montes, destacaba precisamente que esos futuros profesionales ya conocen el producto y podrán utilizarlo mañana en sus propios restaurantes.

También hubo espacio para recuperar los oficios y sabores de siempre, como el taller infantil de elaboración de chorizo y salchichón, realizado incluso con antiguas embutidoras cedidas por familias de Cogolludo. Lo dirigió Fernando Alonso.

Comercio, memoria y raíces

El guía turístico Javier Segura puso contexto histórico a todo ello mediante una visita dedicada al comercio de Cogolludo durante el siglo XX. Desde la Plaza Mayor hasta San Pedro fue recuperando la memoria de boticas, tiendas, bares, casino, veterinario y otros establecimientos. La propia Plazuela llegó a reunir varias carnicerías, pescadería y comercios, reforzando una vocación que el Equinoccio recupera ahora de una manera contemporánea. La tradición comercial de Cogolludo está además documentada desde siglos atrás, con mercados promovidos por los Medinaceli ya en el siglo XV.

Francisco Gamo, hermano de Ataúlfo y parte de la organización, resumía el espíritu de la jornada como “una fiesta que es del pueblo y para el pueblo”, abierta también a los pueblos de alrededor y a cualquiera que quiera acercarse a Cogolludo.

Esa dimensión comunitaria tuvo también su espacio para la memoria. Uno de los momentos más emotivos fue el homenaje al que fuera alguacil municipal durante largos años, Miguel Villanueva Alegre, natural de Fuentes de Rubielos, en Teruel, pero cogolludense de adopción desde hace décadas. Gran conocedor del monte y de la truficultura, trabajó durante años en repoblaciones forestales y terminó echando raíces en Cogolludo. Llegó y se quedó por amor, hasta convertirse en una persona entrañable para varias generaciones de vecinos que este sábado quisieron devolverle parte de ese cariño. También se homenajeó a la Quinta del 76, reuniendo de nuevo a personas que en algunos casos llevaban años sin regresar al pueblo.

El reconocimiento tuvo también otro nombre propio, el de Carmelo García Pérez, rector de la Universidad de Alcalá y profundamente ligado a Cogolludo, el pueblo en el que creció y con el que mantiene una estrecha vinculación. García Pérez recibió una placa de homenaje por su implicación con Equinoccio, una fiesta en la que participa activamente y en la que trabaja, edición tras edición, como uno más. En sus palabras de agradecimiento recordó que siempre lleva por bandera ser de Cogolludo y expresó el cariño que siente por sus vecinos, un afecto que considera correspondido y que le hace sentirlos “como a su familia”.

La música terminó de convertir la jornada en una celebración. El Patio de Armas del Palacio de los Duques de Medinaceli acogió el jazz de Habana Madrid Saxs, un concierto diferente patrocinado por el grupo de desarrollo rural de la comarca, Adel Sierra Norte, mientras que La Plazuela recuperó también el espíritu de la antigua discoteca Madison, durante décadas punto de encuentro de varias generaciones de jóvenes de Cogolludo y de toda la comarca. El baile country, la zumba, Elanticoro y el rock de The Commitments, grupo formado por vecinos y amigos del pueblo y presente en las tres ediciones del Equinoccio, prolongaron la fiesta hasta la noche. La propia Madison ya había sido objeto de homenaje en la primera edición por su importancia en la memoria social de Cogolludo.

Y entre tanta gente hubo también una ausencia especialmente sentida. La del alcalde de Cogolludo, Juan Alfonso Fraguas, convaleciente de una intervención quirúrgica programada. Rafael Pérez trasladó públicamente el deseo de todo el pueblo de una pronta recuperación y reconoció que se le había echado “muchísimo de menos” en una jornada a la que ha estado estrechamente ligado desde su nacimiento.

Tres ediciones después, el Equinoccio mantiene precisamente aquello que lo hizo diferente desde el principio. Nace en Cogolludo, en La Plazuela y desde su gente, pero abre sus brazos a toda la Sierra Norte. Y este año, después de uno de los veranos más difíciles que recuerda la comarca, productores, agricultores, ganaderos, comerciantes y vecinos volvieron a demostrar juntos que la Sierra sigue viva y tiene muchas ganas de seguir adelante.

 

 

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