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De padres a hijos: tres historias de comercio familiar en Azuqueca
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De padres a hijos: tres historias de comercio familiar en Azuqueca

Con motivo del Día del Padre, varios comerciantes azudenses recuerdan cómo heredaron el negocio familiar.

lunes 16 de marzo de 2026, 11:46h
El comercio minorista aporta alrededor del 5 % del Producto Interior Bruto y da trabajo a más de tres millones de personas. Y alrededor de uno de cada cuatro de esos pequeños negocios procede, precisamente, de una sucesión entre padres e hijos. En Azuqueca de Henares, varias de esas historias forman ya parte de la memoria cotidiana del municipio.

“Tenemos identificados al menos seis negocios que han pasado de padres a hijos, aunque en Azuqueca la lista de comercios y empresas con relevo generacional es, en realidad, aún mayor”, explica Maika Casas, presidenta de la Asociación de Comerciantes, Empresarios y Profesionales de Azuqueca (ACEPA). “Hay ejemplos muy variados: desde un bar o una carnicería hasta una tienda de ropa, una ferretería, una oficina de seguros o una juguetería”.

Todos ellos comenzaron en manos de los padres y hoy continúan a cargo de hijos o hijas. Muchas de estas historias empiezan de forma parecida: ayudando en el negocio familiar, a veces de manera casi casual. Una pequeña colaboración que, con los años, termina convirtiéndose en una forma de vida.

En bicicleta

Leopoldo de la Sen recorría de pequeño Azuqueca con su bicicleta repartiendo y cobrando los recibos que le daba su padre. Era su forma de colaborar con el negocio familiar de seguros, una actividad que complementaba los ingresos de la familia.

Poldo no olvida el momento en que su progenitor, plantado frente a él, le dijo: “Si lo quieres, esto es para ti”. Aquella frase marcó el inicio de una continuidad que con el tiempo transformó y amplió el negocio. Hoy, su oficina de seguros forma parte de la historia del comercio local.

“Yo empecé muy pronto”, recuerda Chema de Mingo. “Los sábados mi padre me decía que me subiera a la tienda y me mandaba a retirar cartones o a ayudar en cualquier cosa”.

En su caso, quedarse con el negocio llegó por causas de fuerza mayor. “Mi padre me dijo que tenía que hacerme cargo porque debía cuidar de mi madre, que estaba enferma”.

Fue en 1993 y, desde entonces, De Mingo continúa, junto a su familia, al frente de una ferretería que empezó a modernizar desde el primer momento. Su negocio sigue formando parte hoy de la vida cotidiana de Azuqueca.

Sonrisas

Nadie diría que Javier Delgado, en un primer momento, no prestaba mucha atención a la tienda de juguetes y caramelos. Lleva décadas detrás del mostrador repartiendo sonrisas en forma de regalices, caramelos, cromos y revistas. Delgado es hijo de Don Pedro, que abrió y regentó la mítica tienda de chucherías de la calle Libertad.

“Yo el negocio lo heredé un poco de rebote. Había aparcado los estudios para ir a la mili y mi padre se jubilaba. Mis hermanas no querían continuar y me preguntó si lo quería porque, si no, lo cerraba”, recuerda.

Decidió quedarse y hoy continúa al frente del establecimiento, que aún luce en el toldo el nombre K’Pedro, en honor a su padre.

“La verdad es que yo no estaba muy interesado en la tienda. Venía lo justo, cuando había más jaleo, pero estoy muy contento de haberme hecho cargo porque aquí hablas con la gente, escuchas… a veces hacemos un poco de psicólogos”.

Javier, como Chema, Poldo y tantos otros comerciantes de barrio, se sabe el nombre de sus clientes habituales. Conocen también sus historias, sus rutinas, sus necesidades. Esa cercanía con quienes cruzan cada día la puerta del establecimiento —una relación de confianza que se construye con los años— sigue siendo una de las principales señas de identidad del comercio local.

En muchos casos, continuar con el negocio familiar ha sido también una forma de agradecer el esfuerzo de quienes lo empezaron. Desde ACEPA recuerdan que el relevo generacional sigue siendo uno de los principales retos del comercio local, ya que muchos negocios no encuentran continuidad cuando llega el momento de la jubilación. Por eso, tomar las riendas y continuar su labor puede ser, en cierto modo, el mejor regalo que un hijo o una hija puede hacer a su padre.
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