8 de marzo: cuando la igualdad incomoda a la derecha
viernes 06 de marzo de 2026, 12:14h
Cada 8 de marzo vuelve a ponerse sobre la mesa una evidencia incómoda para algunos sectores políticos: la igualdad entre hombres y mujeres sigue siendo una reivindicación necesaria. El Día Internacional de la Mujer no es una fiesta simbólica ni una campaña publicitaria anual. Es una jornada que recuerda décadas de lucha para conquistar derechos que hoy parecen obvios, pero que durante siglos fueron negados.
En una democracia madura, este día debería ser un espacio de consenso básico. Sin embargo, en España se ha convertido en un nuevo campo de batalla ideológico. Buena parte de esa tensión procede de la actitud de la derecha política, especialmente de Vox y, cada vez con menos matices, también del Partido Popular.
Vox ni siquiera disimula su hostilidad. El partido ha construido buena parte de su discurso atacando al feminismo, presentándolo como una ideología radical, divisiva o incluso como una amenaza para los hombres. Ese planteamiento no solo es profundamente simplista, sino también irresponsable. Negar las desigualdades que siguen existiendo no las hace desaparecer; simplemente revela una voluntad política de ignorarlas.
Quizá lo más llamativo de ese discurso es la caricatura que intenta imponer: la idea de que el feminismo es una lucha “contra los hombres”. La afirmación es tan falsa como interesada. La igualdad entre mujeres y hombres no enfrenta a la sociedad, la mejora. Y la mayoría de los hombres no sólo lo entiende perfectamente, sino que además lo apoyan. Cada año participan en las movilizaciones del 8 de marzo, apoyan las reivindicaciones feministas y defienden una sociedad más justa porque saben que la igualdad beneficia al conjunto.
La estrategia de Vox consiste precisamente en lo contrario: generar una guerra cultural donde no debería existir. Convertir la igualdad en un conflicto identitario es una forma eficaz de movilizar políticamente el resentimiento, aunque el precio sea deteriorar el debate público y trivializar problemas muy reales.
El papel del Partido Popular resulta, en este contexto, especialmente decepcionante. Durante años el PP intentó mantener una posición institucional respecto al 8 de marzo, reconociendo la importancia de la igualdad sin cuestionar abiertamente el feminismo. Pero en los últimos tiempos esa postura se ha ido erosionando, atrapada entre la presión de la extrema derecha y el cálculo electoral.
El resultado es una ambigüedad constante: declaraciones a favor de la igualdad mientras se cuestionan leyes, políticas o conceptos básicos del feminismo contemporáneo. Y esa ambigüedad no se queda solo en el plano nacional. También se refleja en la política local. En Azuqueca, por ejemplo, representantes del Partido Popular han llegado a negar la existencia de nuevas formas de violencia de género vinculadas al entorno digital, una realidad que preocupa cada vez más a educadores, familias e instituciones. La violencia digital, control a través del móvil, difusión de imágenes íntimas, acoso en redes, está afectando de forma creciente a colectivos vulnerables como el de la adolescencia. Negar o minimizar estas formas de violencia no sólo demuestra una preocupante falta de sensibilidad ante los cambios sociales, sino que también supone ignorar un problema que ya está presente en la vida cotidiana de muchos jóvenes.
Y esa incomodidad dice mucho.
Porque el 8 de marzo no es una amenaza para nadie. Es un recordatorio de que la democracia sólo es completa cuando garantiza derechos iguales para todas las personas. Negar esa realidad, ridiculizarla o convertirla en arma partidista no debilita al feminismo. Lo único que demuestra es la incapacidad de algunos sectores para comprender la evolución de la sociedad.
Porque el 8 de marzo no es una amenaza para nadie. Es un recordatorio de que la democracia solo es completa cuando garantiza derechos iguales para todas las personas. Negar esa realidad, ridiculizarla o convertirla en arma partidista no debilita al feminismo. Lo único que demuestra es la incapacidad de algunos sectores para comprender la evolución de la sociedad.
La igualdad entre hombres y mujeres no es una moda ideológica ni una consigna de partido. Es un principio básico de justicia democrática. Y precisamente por eso el 8 de marzo sigue siendo necesario, por mucho que a algunos les incomode: porque la discriminación no desaparece por decreto y porque las nuevas formas de violencia, también las que se ejercen a través de una pantalla, siguen recordándonos que la igualdad real aún está por conquistar.
Grupo municipal de IU en el ayuntamiento de Azuqueca