OPINIÓN

Las gafas de Sánchez y el eclipse en Guadalajara

Miércoles 12 de agosto de 2026
Hay imágenes que, por sí solas, explican mejor una determinada forma de hacer política que cualquier discurso parlamentario. La que veremos mañana desde Guadalajara, en todas las cabeceras de los periódicos y en los informativos de la noche, será una de ellas: Pedro Sánchez contemplando el eclipse desde el Observatorio Astronómico de Yebes, rodeado de un dispositivo de seguridad extraordinario, mientras en Ceuta muchos ciudadanos siguen mirando hacia una frontera que se ha convertido en uno de los grandes desafíos de nuestro país. Así son las gafas de Sánchez que miran al cielo mientras Ceuta mira al abismo.

No cuestiono que el presidente del Gobierno pueda asistir a un acontecimiento científico de relevancia nacional; sería absurdo hacerlo. El eclipse total de Sol es un fenómeno excepcional y que Guadalajara esté en los ojos de todos los españoles es buena noticia. Lo que cuestiono es el contraste, porque gobernar también consiste en elegir prioridades; y las prioridades de un Gobierno se conocen, sobre todo, cuando existen problemas que no admiten espera.

Ceuta debería ser la prioridad. Allí hay una presión migratoria que lleva tiempo tensionando los recursos disponibles. El CETI ha sufrido episodios de saturación y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad mantienen una presión permanente en una ciudad cuya situación geográfica convierte cada crisis fronteriza en un problema nacional. Y, sin embargo, la imagen que proyecta el Presidente es la de un dirigente que abandona temporalmente su retiro vacacional para acudir a contemplar un eclipse.

La cuestión no es el eclipse, la cuestión es la oportunidad política y la cortina de humo que crea Sánchez en una España mirando en direcciones distintas. Hay algo profundamente simbólico en todo esto, mientras que en Guadalajara y en el resto de España, miles de personas levantarán la cabeza para contemplar cómo la Luna tapa al Sol, en Ceuta, miles de ciudadanos llevan años mirando hacia la frontera preguntándose qué ocurrirá mañana. Unos esperan un fenómeno que durará unos minutos, otros esperan respuestas que llevan demasiado tiempo sin llegar. Y mientras tanto, policías y guardias civiles afrontan situaciones complejas, los servicios públicos tienen que absorber una presión extraordinaria y muchas familias reclaman algo tan elemental como poder vivir tranquilas. No creo que sea demagogia señalar esta contradicción, al contrario: creo que es nuestra obligación señalarla porque un presidente no deja de ser presidente cuando está de vacaciones.

El despliegue de Yebes merece explicaciones. Me llama la atención que debido al enorme dispositivo especial de seguridad que acompaña al eclipse se establecerán controles de acceso en el casco urbano de Yebes y hasta los vecinos no podrán acceder al pueblo si no se identifican en los puntos de control.

¿Cuánto cuesta el dispositivo?

¿Cuántos efectivos se destinan específicamente a la seguridad presidencial?

¿Qué parte corresponde al operativo general del eclipse?

¿Se ha producido realmente alguna modificación de los accesos previamente autorizados a ciudadanos y vecinos por la visita del presidente?

¿Se han tenido que anular visitas reservadas de vecinos que tenían previsto ver desde aquí el eclipse?

¿Por qué permanecerá cerrado al público durante la jornada debido a la celebración de un acto institucional con presencia de autoridades gubernamentales?

Son preguntas perfectamente legítimas que muchos guadalajareños nos estamos haciendo estos días. No parece aceptable que, ante cualquier duda, la ciudadanía tenga que conformarse con propaganda institucional o con versiones enfrentadas en las redes sociales.

Ceuta no puede ser un problema secundario, lo realmente preocupante, sin embargo, no está en Yebes. está en Ceuta, porque Ceuta no necesita discursos grandilocuentes, necesita al Gobierno, necesita frontera, necesita seguridad, necesita medios suficientes para sus policías y guardias civiles, necesita servicios públicos capaces de responder a situaciones extraordinarias; y necesita, sobre todo, que desde Madrid no se perciba su realidad como un problema lejano que puede esperar.

No estoy diciendo que Pedro Sánchez tenga que cancelar cualquier actividad institucional cada vez que surge un problema en España, eso sería absurdo. Estoy diciendo algo mucho más sencillo: un presidente debe transmitir que está donde están los problemas de los
españoles, aunque físicamente se encuentre a cientos de kilómetros y él no lo hace. Y ahí es donde la fotografía de mañana en Guadalajara del eclipse adquiere una enorme fuerza política.

El eclipse pasará; los problemas seguirán, el 12 de agosto pasará, la Luna abandonará el disco solar, volverá la luz y Guadalajara recuperará su normalidad, pero Ceuta seguirá estando donde está. La presión migratoria seguirá existiendo. Las preocupaciones sobre la seguridad continuarán, los policías seguirán reclamando medios y los ciudadanos seguirán esperando respuestas. Por eso, cuando veo al presidente preparándose para contemplar el eclipse desde Guadalajara, no puedo evitar pensar en una contradición demasiado evidente: Sánchez mira al cielo mientras Ceuta mira a la frontera.

Y quizá el verdadero problema no sea que el presidente mire hacia otro lado, nos tiene acostumbrados a hacerlo con cierta asiduidad como escapatoria; el problema está en que, mientras lo hace, deja de mirar hacia abajo, hacia los problemas reales de la España que gobierna. Porque un eclipse dura unos minutos pero la responsabilidad de gobernar dura mucho más.

Antonio de Miguel

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