Carta para Emiliano García Page : La clave para afrontar el presente y el futuro, Gestionar bien los recursos, no despilfarrarlos
miércoles 15 de abril de 2026, 20:01h
Estimado Emiliano García Page:
Leemos con auténtica preocupación sus declaraciones en el marco del acto institucional del Día Mundial del Agua que se celebró el 22 de marzo. Usted no está de acuerdo con los primeros planteamientos de los planes de cuenca, no quiere ajustes con el agua, quiere poder realizar personalmente parte de la gestión de las confederaciones hidrográficas porque quiere seguir despilfarrando el agua que nos pertenece a todos los habitantes de Castilla La Mancha.
Le recomendamos que cambie de asesores y se rodee de científicos e hidrogeólogos si de verdad quiere mejorar la vida de los habitantes de esta maltratada Comunidad Autónoma. Le vamos a aportar datos para reflexionar y para preguntarse dónde vamos con el actual despilfarro de un recurso vital imprescindible para la vida como usted mismo dice.
El agua, en contra de su personal creencia de abundancia infinita, es un recurso escaso. La mayor parte del agua en nuestro planeta es salada, el 97,5 % y tan sólo un 2,5 % del agua es dulce. Según datos de la FAO: disponemos de 9-14 millones de hm3 en el mundo disponibles para uso humano (es decir <0,04% del agua dulce). España, debido a su alto consumo actual en función del agua real de la que disponemos, es un país con ESTRÉS HÍDRICO SEVERO (Sanchez Gómez con datos de la FAO).
La mayor parte de los estudios de modelización sobre cambio climático realizados por la AEMET y el IPCC (panel intergubernamental para el cambio climático) muestran el arco mediterráneo como una zona “caliente” dónde el cambio climático va a tener un efecto importante. El IPCC muestra en un escenario de emisiones medias, con aumento de temperatura y variación en las precipitaciones una disminución de la escorrentía para finales de siglo, en el arco mediterráneo, entre un 30%-40%. España que actualmente tiene un estrés hídrico severo puede pasar a finales de siglo a estrés hídrico extremo.
Es una realidad basada en la ciencia, que a pesar de que estos dos últimos años ha llovido abundantemente dándonos un respiro, que las modelizaciones realizadas sobre los efectos globales del cambio climático y los estudios de tendencias muestran que en España cada vez llueve menos; en la cabecera del Tajo, estudios realizados por la UAH comparando las precipitaciones en la zona en los periodos 1951-1980 y 1980-2022 demuestran que hemos tenido una disminución de lluvias de un 16%, un aumento de temperatura de 1º C lo que ha provocado una disminución en escorrentía de un 48% (efecto multiplicador). Los resultados de los estudios y tesis doctorales llevadas a cabo por la UAH muestran que en la Cuenca del Tajo para finales de siglo, la escorrentía podrá variar entre un 25% y un 50% de media, pero con gran variabilidad dependiendo de las regiones (Tesis Doctoral Alejandro Sánchez Gómez, 2026).
Ante estos datos científicos, un buen gestor evitaría despilfarrar el agua y pondría en prioridad absoluta la resiliencia del territorio para poder abastecer de agua (ahora y a finales de siglo) a los habitantes de la Comunidad Autónoma: abastecimiento y calidad del agua respetando los caudales ecológicos para conservar nuestros ríos y humedales. Somos una comunidad y un país con estrés hídrico severo y todos nuestros esfuerzos deberían centrarse en conservar nuestros acuíferos y embalses evitando consumos por encima de nuestras posibilidades reales.
Sin embargo, se siguen impulsando nuevos proyectos bajo el mantra del crecimiento ilimitado: más regadíos, pero, sobre todo, nuevas industrias electro intensivas como son las fábricas de hidrógeno y los centros de datos, que acaparan todos los recursos hídricos y de energía eléctrica allí donde se instalan y que se caracterizan por su falta de transparencia de sus consumos de agua y energía (Valdivia, 2024).
En Guadalajara ya existen centros de datos en marcha, como el de Torija, y otros previstos en la capital y en Cifuentes, que van a multiplicar el “consumo de territorio” al requerir nuevos macroproyectos de renovables (eólica y fotovoltaica, subestaciones y líneas de alta tensión) para alimentarlos, expoliando campos agrarios, masas forestales y aumentando las expropiaciones de terreno. Pero lo más preocupante es el ingente aumento de consumo de agua. Según su administración, dichos centros no tienen un consumo de agua significativo porque refrigeran sus instalaciones con aire seco las 24 horas. Sin embargo, tal afirmación no se ampara en ningún dato creíble: como es conocido a nivel internacional, cualquier instalación o raks que supere los 30Kw precisa un enfriamiento basado en agua debido al enorme calentamiento de los servidores. En consecuencia, los datos reales de consumo de agua multiplican escandalosamente las cifras anunciadas por las empresas, tal y como señalan diversos estudios: los nuevos centros de datos de Google, Microsoft, Meta y Apple tienen un gasto de agua superior en un 662% a las declaradas oficialmente (O´Brian, 2025). Sin embargo, las administraciones no están cuestionando estas previsiones, mientras las compañías eluden evaluaciones ambientales más exigentes al ubicarse en polígonos industriales, sin valorar el impacto real sobre los acuíferos subterráneos y embalses de los que pretenden abastecerse, incluidas las Confederaciones Hidrográficas, que deberían estar poniendo el grito en el cielo.
La experiencia internacional también debería servir de advertencia. Países con bastantes menos problemas hídricos que España, como los Países Bajos, ya han restringido la instalación de nuevos centros de datos precisamente por su elevadísimo consumo de agua. En otros lugares donde estas infraestructuras ya se han implantado, se han detectado impactos preocupantes como la desecación del territorio, el avance de la desertificación y tensiones crecientes en el suministro eléctrico.
Señor Emiliano García Page, en los territorios rurales estamos saturados y hartos de proyectos que enriquecen a unos pocos mientras comprometen la calidad de vida y el futuro de nuestros pueblos. Si de verdad apuesta por una buena gestión, es el momento de priorizar la conservación del agua, proteger nuestros paisajes, apoyar la agricultura y la ganadería sostenibles e impulsar energías renovables a pequeña escala y comunidades energéticas. En definitiva, es el momento de apostar por un desarrollo que cuide el territorio que vamos a dejar a nuestros hijos y nietos.
ALIENTE en Guadalajara (Alianza Energía y Territorio)