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Pastrana. 3 de abril de 2026. La tarde se presentaba luminosa, con ese sol limpio de primeros de abril que ilumina las piedras históricas de Pastrana, aunque acompañado de un aire frío que obligaba a ceñirse las capas. A las 20:30 horas, al filo justo de la caída del día, las puertas de la Colegiata se abrían y la música de la Banda de Pastrana comenzaba a marcar el pulso solemne de una de las estampas más queridas de la Semana Santa pastranera, como es la de la ‘Procesión de los Pasos’.
La de Jueves Santo no es una procesión cualquiera. Es, como recuerdan los propios pastraneros, la procesión de los pasos, aquella en la que la Pasión se despliega escena a escena por las calles del casco histórico. Un relato vivo que mezcla historia, costumbre y emoción compartida.
Tradición recuperada
El hilo conductor de la procesión es la Hermandad del Santísimo Cristo de los Milagros, una cofradía que hunde sus raíces en 1728, pero que fue refundada en 2004 por un grupo de jóvenes del municipio decididos a recuperar el Jueves Santo tal y como lo habían conocido sus mayores.
Aquella decisión marcó un antes y un después. Desde entonces, no solo se reorganizó la procesión, sino que se devolvió a las calles la imagen del Cristo de los Milagros, una talla barroca del siglo XVIII que llevaba décadas sin procesionar. Su restauración, impulsada por donaciones particulares y el compromiso colectivo, simboliza bien el espíritu de esta hermandad, tradición recuperada con esfuerzo contemporáneo.
Hoy, esa cofradía destaca además por su carácter marcadamente joven. Niños, familias y nuevos cofrades aseguran el relevo generacional y aportan una energía especial a la procesión. Todas las imágenes, Jesús en la Oración en el Huerto, el Amarrado a la Columna, la Virgen del Regazo o el propio Cristo de los Milagros, son portadas a hombros por los cofrades, en una implicación directa del pueblo con su celebración.
La vestimenta es otra de sus señas de identidad. El rojo intenso de las túnicas, combinado con el blanco, ha dado a los miembros de la hermandad su apodo popular, los rojos. Lejos de una herencia antigua, esta estética responde a una decisión tomada en la refundación, apostando por una imagen propia y por la comodidad, al sustituir el tradicional capirote por un sencillo verdugo.
El Nazareno, emoción compartida
Sobre todos los pasos, destaca Nuestro Padre Jesús Nazareno, la imagen más querida y venerada de Pastrana. Datada en el último tercio del siglo XVI y custodiada durante siglos en el convento de San José por las monjas concepcionistas, su salida a la calle convierte la procesión en un momento profundamente emocional.
A diferencia del resto, el Nazareno es portado por anderos que mantienen una tradición familiar transmitida de generación en generación. Su presencia transforma el ambiente, el bullicio se atenúa, las miradas se fijan y el respeto se impone con naturalidad.
No es solo una cuestión de historia o de arte. Es una devoción cotidiana que se manifiesta con especial intensidad en Semana Santa, cuando la imagen vuelve a encontrarse con su pueblo. Muchos fieles acompañan su recorrido en silencio, algunos cumpliendo promesas, otros simplemente caminando junto a él en un gesto íntimo y heredado.
La ‘Procesión de los Pasos’ mantiene así su doble carácter, abierta y multitudinaria en la tarde del Jueves Santo, pero profundamente arraigada en lo personal.
Con sol, con frío o con recogimiento, Pastrana vuelve a cumplir con una de sus tradiciones más vivas. Y lo hace, una vez más, al ritmo pausado de sus pasos.